
Analistas como Horst Grebe y Gonzalo Colque alertan sobre una crisis múltiple en Bolivia: deterioro hidrocarburífero, déficit fiscal elevado, escasez de dólares y desabastecimiento de combustibles. La producción de gas cayó drásticamente, dejando a YPFB sin capacidad para el mercado interno ni exportaciones.
Grebe describe estanflación: economía estancada con decrecimiento del 1,6% en 2023 e inflación por debajo del 20% oficial, pero con precios disparados que golpean los hogares. La incertidumbre económica, política e institucional ahoga el futuro del país.
Colque cuestiona al gobierno: pese al alza de precios de gasolina y diésel, y promesas de ahorro de 10 millones de dólares diarios, no hay divisas para importar. Los bolivianos no se convierten mágicamente en dólares, dice, criticando la falta de reformas estructurales. La dependencia de importaciones agrava todo.
El pueblo paga el costo de problemas acumulados, mientras versiones oficiales minimizan la gravedad. Movimientos sociales demandan transparencia y medidas reales para garantizar abastecimiento y empleo, priorizando a la población sobre excusas gubernamentales.