La elección presidencial en Brasil estuvo marcada por una remontada sin precedentes. Lula da Silva estuvo al borde de la derrota, pero una serie de factores estratégicos le permitieron revertir un resultado que parecía inevitable. Analistas políticos coinciden en que la campaña del líder del Partido de los Trabajadores supo capitalizar el descontento social y movilizar a sectores clave en el último momento.
Entre las claves de esta remontada histórica se destacan el error de cálculo de su principal adversario, la eficaz maquinaria de movilización en las regiones más pobres y un discurso final que conectó con las demandas de la clase media. Además, el contexto económico y las alianzas de última hora jugaron un papel determinante. Este episodio queda como un ejemplo de cómo la política puede dar giros inesperados hasta el último voto.