
La industria salmonera, respaldada por un gobierno permisivo, sigue devastando los territorios mapuche en el sur de Chile. Comunidades como Chesque denuncian desde 2023 la contaminación de ríos Nalcahue, Quique y Chesque por pisciculturas que vierten químicos, pesticidas y antibióticos, eliminando 12 especies de peces nativos y lawen medicinales esenciales para las machi.
La machi Angélica Urrutia alertó sobre la desaparición de aves, ranitas de Darwin y el robo de derechos de agua por estas empresas, pero autoridades y salmoneras desestimaron todo. Hoy, The Guardian confirma con evidencia técnica lo que pueblos originarios gritaban: ecosistemas fluviales destruidos desde la cordillera hasta el mar, afectando la salud de niños y futuras generaciones.
En Chiloé y Patagonia, huilliche, kawésqar y mapuche enfrentan malas condiciones laborales, marea roja y fondos marinos muertos. El Tercer Tribunal Ambiental suspendió proyectos obsoletos como el de Salmones Antártica, calificándolos riesgosos, pero el Ejecutivo cuestiona poco y protege exportaciones millonarias sobre la vida.
Escépticos ante versiones oficiales que minimizan el daño, prioricemos las voces de la gente: regulación estricta, reparación ambiental y respeto a derechos indígenas. No más salmones invasores en aguas sagradas.